Vuelvo al blog para escribir el tradicional post en el que os animo a evaluar los objetivos que nos marcamos para este 2025 que ya agoniza y escribir los que nos vamos a marcar para el año que viene y así tener una guía de vida.
La evaluación solo nos debe de servir para ver el grado de compromiso que tenemos con nosotros mismos y de manera indirecta, el que tenemos con aquellos que convivimos. Se hayan logrado o no, lo que debemos de valorar es si hemos sido muy optimistas con las metas o si, por el contrario, abandonamos a las primeras de cambio y, por tanto, por muchos años que nos diésemos, nunca los hubiéramos conseguido.
Piensa siempre en positivo y que lo no logrado en este año, te sirva de estímulo para los del año que viene. Animaros a ser ambiciosos, a poner en valor todo lo bueno que tenemos en nuestras vidas.
El otro día contaba un sacerdote en misa que Jesús, que nació en el peor de los pesebres podía haberse quedado lamentándose de su suerte. Sin embargo, sabía que era posible cambiar el mundo, que la vida merece la pena y que en cada contratiempo que nos encontramos, veamos una oportunidad y no una barrera.
El mundo en el que vivimos es maravilloso y puede serlo más si cada uno de nosotros hacemos porque así sea y lo podamos disfrutar. Que tus objetivos anuales marquen tu manera de hacerle mejor la vida a los que tienes a tu alrededor. Que el crecimiento personal sea parejo al crecimiento familiar, profesional y social. No hay nada mejor que compartir los éxitos con los tuyos.
No tenemos tiempo que perder. Papel y boli y a marcarnos nuestros objetivos para este 2026 que empieza.
P.D. Efectivamente, la imagen que encabeza este post es la ecografía de un bebé. Si Dios quiere para mayo de este año seremos uno más en casa. En 2026 le daremos la bienvenida a Fátima Aranguren Saizar que colmará gran parte de nuestros objetivos del año…